Capitalismo (III)
Como en mi última empresa no me hicieron firmar la típica claúsula de derechos de autor o de confidencialidad (cosa que sí ocurrió en mis empresas anteriores), pensé “¡Magnífico! Mi trabajo (el que he hecho durante tres años en mi ex-empresa) es mío y puedo venderlo a quién me de la gana.”
Pero se dieron cuenta (porque son competencia directa de mi nueva empresa) y me denunciaron. Así que yo le dije al juez: “Es que nadie me ha dicho explícitamente que no puedo revender el trabajo que hice estando en esta empresa”.
A lo cual el juez me respondió:
Claro, hombre. Yo entiendo que cualquiera pagaría sólo por verte cada día en la oficina, que eres tan guapo que me dan ganas de abrazarte, con lo cual es normal que tú pienses que el dinero que te daban era sólo por el placer de verte y hablar contigo. Pero es que tu jefe dice que es heterosexual y que te pagaba por el trabajo que hacías, no por tu cara bonita (y, ojo, que esto no es una expresión). Y que, puesto que tu trabajo era intelectual y te pagaba por ello, los derechos son suyos. Y yo, con la ley en la mano, le doy la razón. Pero luego, si te apetece, quedamos a tomar unas cañas…
Y así se consumó la injusticia: resulta que me pagaban por hacer un trabajo que NO es de mi propiedad y nadie me había avisado. Y, sinceramente, me parece intolerable.
Y lo peor es que, además de pagar las costas del juicio, me han despedido argumentando “competencia desleal”. Pero mientras se aprovechaban de mi trabajo no se quejaban…
Tags: capitalismo, derechos de autor

Posted on November 28th, 2009 at 08:33
“I feel ashamed to live in a land where Justice is a game”, Bob Dylan en “Hurricane”.
Posted on November 28th, 2009 at 10:22
Sí, es un juego con montones de tahures…
Sólo nos queda una esperanza: la justicia cósmica. Y veo mucho casos en los que se ha “aplicado”.
Borges en “El Inmortal” dice que en el transcurso de una vida infinita cabe siempre todo lo bueno y todo lo malo. Yo creo que no hace falta una vida infinita. Que en la nuestra puedes encontrar de todo. Y sólo podemos decidir cuál será nuestra actitud frente a lo que nos pasa.