Hace unos meses llegaron unos chic@s y ocuparon un local de mi calle que llevaba mucho tiempo abandonado.
Al principio no había mucho movimiento. Sólo, de vez en cuando, se veía entrar y salir a alguien con una guitarra, una bicicleta… Poca cosa.
Pero de repente, un día cualquiera, empezó a haber mucho movimiento. Un día cualquiera, las cristaleras se llenaron de carteles invitando a la gente a participar en ciertos eventos organizados, a pasar y tomar un té, etc.
[El edificio está en frente de la mezquita de Estrecho, en Madrid capital, así que, con eso del té, ganaron "muchos adeptos".]
Yo, que cuando estaba en la facultad participé en algunos de estos movimientos sociales, pensé al principio que era una buena idea. Sobre todo teniendo en cuenta la actual crisis económica-inmobiliaria, etc. Siempre he estado a favor de la ocupación. Y si además hacen cierta labor social, pues mejor que mejor.
Pero lo cierto es que me están molestando más de lo que cabría pensar. O me estoy haciendo viejo o los ocupas ya no son lo que eran…
Y me explico.
Lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que su primera “reforma” en la casa consistió en cambiar la cerradura. Joder, esto es lo que haría un propietario “legítimo”, y, a mi parecer, la filosofía “ocupa” debería ser algo diferente (al menos antes era algo diferente). Pero bueno, pensé “deben de tener algunos instrumentos caros, o algo así, y quieren evitar robos”.
Pero luego vinieron los “conciertos-karaokes” a las 4 de la madrugada, el ponerse a tocar un instrumento (por cierto, sin tener ni puta idea) en la calle a cualquier hora del día o la noche, el ocupar la acera y que se jodan los viandantes que quieran pasar, que se cambien de acera, etc.
Uno de esos días, mientras escuchaba el ruido infernal (me pregunto dónde quedaron aquellos días del Anarchy in the UK) que salía del edificio, como digo a las 4 de la madrugada, pensé: “seguro que si les dijera algo contestarían que me hacen un favor si provocan mi despido, aunque sea a golpe de insomnio”, por esto de que soy esclavo del sistema capitalista y todo eso… Y esto me llevó a pensar: “¿de dónde sacan la pasta para mantener todo este tinglao?”. Es más, pensé que esa extraña idea de “libertad” que tienen, según la cual pueden coartar (sin inmutarse) la de los demás, me recordaba a algo…
En fin, el caso es que decidí prestar más atención, y he aquí lo que vi: ropas fuencarraleras. Hippies-punkies con camisetas y/o pntalones “cagaos” de a-100-euros-la-unidad. Eso sí, con los pies negros como el azabache, de llevar tanta chancla desarrapada.
Y ahí fue cuando vi la luz. Me dije, “estos son punkies de postal”. Me dije, “son niños pijos que juegan a ir-en-contra-de-papá/ir-en-contra-del-sistema, con la seguridad de que, hagan lo que hagan, no les faltará (y no les falta, de hecho) de nada; con la seguridad de que podrán volver al redil/chalet-de-la-sierra cuando quieran”.
Y entendí también de dónde viene esa idea de libertad que tienen: es idéntica a la que los peperos promulgan. Es esa que te otorga libertad absoluta para hacer lo que te de la gana, sin límites. Es esa a la que apelan cuando dicen que quieren poder despedir a quién quieran cuándo quieran. El balón (o en este caso el dinero) es mío y juega quién yo quiera.
Es esa “libertad” a la que sólo tienen acceso los verdaderos (y rancios) capitalistas, pues los demás, que carecemos de poder económico, tenemos libertad, pero es mucho más pequeñita e insignificante. Es, en definitiva, la “libertad” que han mamado desde pequeñitos.
Así pues, como yo no tengo una casa ocupa, tengo que aguantarme sin dormir, pues “su libertad”, por ahora, es más grande que la mía.
Quién me iba a decir a mí, en mis tiempos de facultad, que el-ser-punky iba a cambiar tanto…